Social y Solidaria

03 marzo 2026
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EL LADO B DEL CONSUMO RESPONSABLE (PARTE 2)

Noticias Ambientales

EL LADO B DEL CONSUMO RESPONSABLE (PARTE 2):

La responsabilidad social de las empresas

Por Héctor José Fasoli

Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.

En la primera parte de esta reflexión[1], exploramos cómo el consumo responsable no es solo una moda pasajera para consumidores iluminados, sino un imperativo que exige rediseñar cadenas de suministro, abrazar principios de economía circular (o más bien, espiralada, dada la inevitable degradación) y combatir el sobreconsumo con transparencia y regulaciones. Ahora, en esta segunda entrega, nos adentramos en el terreno pantanoso de la Responsabilidad Social Empresaria (RSE). Pero lo haremos con un matiz algo más punzante: porque si hubo que inventar un término como “RSE” para recordarle a las empresas que deben comportarse como parte de una sociedad mayor, es señal de que algo importante se ha desajustado en el modo en que entendemos la economía.

Vamos a desentrañar por qué la esencia de toda empresa es inherentemente social, por qué la mera mención de RSE revela una ausencia crónica, y por qué el bien común de la sociedad siempre debe primar sobre el lucro de unos pocos, sin que eso suene a utopía ingenua. Pondremos así nuestra mirada en un horizonte más ambicioso: la economía regenerativa.

Toda empresa es, por definición, una organización social

Los seres humanos nos organizamos en sociedad para cooperar, satisfacer necesidades personales, interpersonales y comunes y para avanzar juntos a un futuro mejor. Las empresas surgen de esa misma dinámica colectiva: son creadas por personas para servir a otras personas, generar empleo digno, proveer bienes y servicios útiles y fortalecer el conjunto social: no hay empresa fuerte sin tejido social fuerte.

Ninguna compañía opera aislada. Depende de infraestructuras públicas (carreteras, educación, salud), de un marco legal y de estabilidad social. Su existencia y crecimiento están intrínsecamente ligados al bien común. Por eso, el propósito social no debería ser un “extra” opcional, sino el fundamento de toda actividad empresarial. Cuando esto se olvida y se prioriza solo el beneficio a corto plazo, surgen desequilibrios que la sociedad termina pagando.

Hablar de RSE revela que no siempre ha sido una prioridad natural

El término “Responsabilidad Social Empresaria” surgió precisamente porque muchas firmas históricamente no integraban de manera automática las consecuencias sociales y ambientales de sus decisiones. Si la responsabilidad social fuera inherente al buen hacer empresarial, no necesitaríamos departamentos específicos, certificaciones, memorias de sostenibilidad ni campañas de comunicación al respecto (lo que suele revelar más carencias que virtudes).

En la práctica, hemos visto de todo: desde externalización de costos (contaminación, precariedad laboral, desigualdad) hasta acciones filantrópicas que sirven más para lavado de imagen que de cambio estructural. La RSE genuina va más allá de donaciones o proyectos aislados: implica revisar el modelo de negocio entero, internalizar costos reales (ambientales, sociales, laborales) y alinear las decisiones estratégicas con el bienestar colectivo. Gobiernos, reguladores y consumidores debemos exigir que deje de ser voluntaria y cosmética para convertirse en un criterio estructural. Debería desaparecer la Responsabilidad Social Empresaria, así, con mayúscula, como estructura organizacional, para dar lugar a la responsabilidad social empresaria, con minúsculas, como práctica moral de las empresas (es decir, más concretamente, de las personas que hacen las empresas).

El bien común siempre prevalece sobre el interés particular de la empresa

Así como en una sociedad sana el interés general supera al individual, el bienestar de la sociedad en su conjunto debe estar por encima de los intereses de cualquier organización privada. El objetivo legítimo de una empresa (generar valor económico, innovar, crecer) es subordinado al objetivo mayor: sostenibilidad colectiva, equidad y capacidad de las futuras generaciones para vivir dignamente.

Ningún objetivo legítimo puede ser a cualquier precio para los demás. No se puede justificar comprometer recursos compartidos (agua, suelo, clima, cohesión social) solo para maximizar retornos a un grupo reducido. Una RSE auténtica pasa por pagar impuestos justos, respetar derechos en toda la cadena de valor, diseñar productos duraderos y reducir la huella ambiental de forma medible y verificable. Cuando un modelo de negocio solo prospera generando daños desproporcionados al ambiente, la sociedad o las personas hay que replantearlo, no maquillarlo.

Hacia la economía regenerativa: más allá de “no hacer daño”

La RSE tradicional busca minimizar impactos negativos (sostenibilidad). Pero cada vez más voces proponen ir un paso más allá: la economía regenerativa. Este enfoque no se contenta con “hacer menos mal”; aspira a restaurar y mejorar los sistemas vivos de los que dependemos. Es lo mínimo que se pretende de cada individuo, ¿por qué no exigirlo de la sociedad y por qué no de aquellas empresas que lucran con aquellos?

En sencillo: la naturaleza no solo se mantiene, se regenera continuamente (un bosque quemado puede volver a crecer más fuerte si se le ayuda). La economía regenerativa imita eso: busca que la actividad humana repare daños pasados (restaurar suelos degradados, capturar más carbono del que se emite, revitalizar comunidades), genere valor social y ecológico positivo neto y cree resiliencia a largo plazo. No es utopía: implica prácticas como agricultura regenerativa (que mejora el suelo en vez de agotarlo), energías renovables con impacto local positivo, cadenas de suministro que fortalecen territorios en lugar de extraerlos, y modelos de negocio que miden éxito no solo por ganancias, sino por salud de ecosistemas y personas.

Es un cambio de paradigma: de extractivo-lineal a  circular (espiralado) → regenerativo. Y muchas empresas ya dan pasos en esa dirección, aunque el camino es largo.

Ejemplos de RSE auténtica, incluso antes de que existiera el término

Afortunadamente, hay empresarios y empresas que entendieron esto mucho antes de que se inventaran las siglas RSE. Un caso emblemático es el argentino Enrique Shaw (1921-1962), recientemente beatificado por la Iglesia Católica en diciembre de 2025 (el primer empresario moderno en recibir este reconocimiento). Dirigente de Cristalerías Rigolleau y presidente de Pinamar S.A., Shaw aplicó en su actividad la Doctrina Social de la Iglesia: conocía por nombre a sus trabajadores, priorizaba condiciones dignas de trabajo y se opuso a despidos masivos cuando la empresa fue vendida a capital extranjero. Su vida personal y empresarial demuestra que la responsabilidad social puede ser vivida como vocación, no como moda. Lamentablemente, la falta de vocaciones en todos los ámbitos de la vida social, escasean.

Este solo caso y los pocos casos como este muestran que la RSE auténtica no es nueva: siempre hubo empresarios que entendieron la empresa como comunidad al servicio del bien común.

Como nunca vivimos tiempos en que “la firma”, “la marca”, “la franquicia”, es decir, una entidad impersonal está por encima de las personas. La despersonalización del individuo es un signo de los tiempos y trasciende cualquier frontera ideológica, que cada vez se desdibuja más en cuanto a la concepción materialista del mundo.

Colofón levemente utópico

La Responsabilidad Social Empresaria no debería ser un departamento paralelo, sino el alma de toda decisión estratégica. Y el horizonte regenerativo nos invita a soñar más grande: no solo sobrevivir, sino restaurar y prosperar en armonía con el planeta y las personas.

Empresas, gobiernos y consumidores tenemos que trabajar juntos para que esto pase de ser la excepción a la norma. Porque un consumo responsable real solo será posible cuando las compañías lo sean también, de corazón y no solo de imagen. Eso comenzará a ocurrir cuando la Responsabilidad Social Empresaria deje las mayúsculas de la puerta de una gerencia por la más humilde responsabilidad social empresaria, con minúscula, del corazón de ocasionales directivos.

[1] https://www.socialysolidaria.com/index.php/el-lado-b-del-consumo-responsable-parte-1/

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EL LADO B DEL CONSUMO RESPONSABLE (PARTE 1)

Noticias Ambientales

EL LADO B DEL CONSUMO RESPONSABLE (PARTE 1): LAS INCUMBENCIAS DE EMPRESAS Y GOBIERNOS

Por Héctor José Fasoli

Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.

En un contexto donde una gran mayoría de los consumidores priorizamos prácticas sostenibles, las empresas y los gobiernos no deben ser meros observadores del consumo responsable: son, a no dudarlo, sus principales impulsores. Mientras los individuos toman decisiones cotidianas para mitigar el impacto social y el impacto ambiental, son las corporaciones las que diseñan productos y cadenas de valor y los gobiernos los que establecen marcos regulatorios.

Sin embargo, cuando estos actores fallan en asumir su función, el consumo responsable se convierte en una ilusión. Este artículo examina el “lado B” del consumo responsable, centrándose en cómo las empresas deben liderar la transición hacia la sostenibilidad, complementadas por políticas gubernamentales efectivas.

Se aborda de manera crítica, pero constructiva y positiva, los desafíos del sobreconsumo y la necesidad de redefinir la responsabilidad social empresarial (RSE) como un imperativo ético inherente, no como un accesorio opcional (la segunda parte nos concentraremos principalmente es este aspecto). Al reconocer las fallas históricas, se puede avanzar hacia modelos más equitativos que beneficien a la sociedad en su conjunto.

Rediseñando la cadena de suministro

La cadena de suministro representa el eje central de las operaciones empresariales, pero también una fuente significativa de degradación ambiental y también social (por cuestiones económicas y también culturales).

Las empresas deben optar por materiales reciclados, minimizar emisiones en el transporte y priorizar proveedores locales para reducir su huella ecológica. Estas decisiones no solo benefician al planeta, sino que responden a la demanda de consumidores que valoran la ética y la transparencia.

No obstante, prácticas no éticas persistentes, como la explotación de recursos naturales en regiones vulnerables, el uso de mano de obra precaria en proveedores remotos, el uso excesivo de materias primas no renovables y el transporte de larga distancia que genera emisiones innecesarias, perpetúan daños ambientales y sociales graves, contribuyendo al aumento de la pobreza y a la crisis climática.

Los gobiernos, por su parte, pueden intervenir mediante regulaciones estrictas, como incentivos fiscales para cadenas de los llamados suministros circulares o sanciones por incumplimientos ambientales, asegurando que la transición no dependa solo de la voluntad corporativa y fomentando un progreso colectivo positivo.

Los principios de la economía circular

Hasta hace no muchos años se hablaba de las 3R para el problema de la generación de residuos: reducir (la generación), reutilizar (los elementos que puedan ser útiles), reciclar (los materiales que puedan recuperarse para volver a ser empleados).

Con una mirada más amplia, podemos hablar ahora de las 5R para una producción y consumo responsables:  

  • Reducir: Minimizar la cantidad de recursos utilizados en la producción.
  • Reutilizar: Dar un nuevo uso a productos o componentes ya existentes.
  • Reparar: Arreglar artefactos para extender su vida útil.
  • Renovar: Actualizar o restaurar aparatos o utensilios para mejorar su desempeño.
  • Reciclar: Procesar materiales para obtener nuevas materias primas.
  • Regenerar: Fomentar la creación de recursos naturales, como el compostaje de materia orgánica.
  • Rechazar y Repensar: Cuestionar los productos y procesos para diseñar soluciones más sostenibles desde el inicio.

Las consecuencias de estas políticas tienen diversos alcances:

  • Sociales: Mejor aprovechamiento de recursos y mejora de la calidad de vida al reducir la dependencia de la producción lineal.
  • Ambientales: Reducir la extracción de recursos naturales, disminuye la generación de residuos y la contaminación.
  • Económicos: Ahorro de costos para empresas y ciudadanos, fomento de la innovación, creación de nuevos modelos de negocio y puestos de trabajo.

Nada es tan circular como parece

Sin embargo, debemos distinguir los eslóganes de la realidad. En la naturaleza nada es perfectamente circular y, por lo tanto, nada es absolutamente aprovechable de forma completa ni para siempre. Hay una degradación constante que hace que lo circular en realidad sea una espiral y que, considerando el tiempo como variable, esa espiral sea una hélice.

El tema ya ha sido tratado por expertos y por eso se habla de economía en espiral. Tomar conciencia de que nada es circular, de que nada puede aprovecharse hasta el infinito y que no solo nuestra vida, sino que la duración de la vida sobre el planeta depende de nosotros, es la fuerza que debe impulsar el mejoramiento de nuestras acciones presentes, revisando las pasadas y proyectándolas para mejorar el futuro.

En definitiva, se trata de pasar de una economía en espiral descendente a una economía en espiral ascendente o, al menos, plana.

Combatiendo el sobreconsumo: Un desafío estructural

El sobreconsumo, alimentado por estrategias de marketing agresivas y producción masiva, constituye un obstáculo fundamental para la sostenibilidad. La generación masiva de productos desechables y la producción excesiva generan enormes cantidades de desechos que terminan en vertederos poco después de su adquisición, implementando una práctica éticamente muy cuestionable y exacerbando la crisis climática.

Las empresas deben transitar de modelos lineales a modelos espiralados, promoviendo productos duraderos. Muchos bienes podrían muy bien ser manejados a través de servicios de alquiler, en vez de ser objetos de propiedad (los automóviles, por ejemplo). La estandarización de productos de uso intercambiable (pines de conexión de celulares unificados a puertos USB-C) avanzó mucho y constituye un progreso en el uso circular de dispositivos, sin embargo, queda mucho por hacer al respecto.

Críticamente, muchas compañías fomentan el consumismo a través de la obsolescencia programada, diseñando bienes que fallan prematuramente para impulsar ventas repetidas, priorizando ganancias inmediatas sobre el bien común y contribuyendo a la acumulación de residuos, muchos de ellos tóxicos.

Otras prácticas no éticas incluyen el fomento de compras impulsivas mediante publicidad engañosa que ignora los impactos sociales y ambientales. Sin embargo, al adoptar enfoques espiralados (es decir, lo más circulares posibles), las empresas pueden generar valor a largo plazo.

Los gobiernos tienen la obligación de contrarrestar esto mediante políticas como impuestos al desperdicio o campañas educativas nacionales, fomentando un entorno donde el “vender más” ceda paso al “vender mejor” y promoviendo beneficios mutuos para la sociedad.

Construyendo confianza genuina: la transparencia.

La transparencia es un pilar indispensable para erosionar el sobreconsumo y fortalecer la responsabilidad de las empresas. Los consumidores demandan información veraz sobre el origen de los productos y su impacto ambiental, mediante etiquetas claras o herramientas digitales que detallen el proceso productivo y procesos de fabricación.

Sin embargo, prácticas no éticas como dar una falsa imagen de responsabilidad social o ambiental (“lavado ecológico” o greenwashing), basadas en promesas ambientales infundadas o exageradas sin evidencia verificable o independiente, socavan la credibilidad, como en casos donde las empresas exageran promesas para aparentar sostenibilidad mientras mantienen operaciones contaminantes.

Esta manipulación informativa no solo decepciona a los consumidores, erosionando la confianza pública, sino que permite la continuación de impactos negativos, como emisiones ocultas o cadenas de suministro opacas, retrasando avances reales en sostenibilidad. Los gobiernos deben regular esta área con estándares obligatorios de verificación, como auditorías independientes, para garantizar que la transparencia sea un requisito legal y no una herramienta de engaño o marketing, construyendo así una base sólida para relaciones positivas entre empresas y sociedad.

Colofón creativo

La innovación -la aplicación de la teoría y práctica de la creatividad para producir cambios significativos- representa una oportunidad para alinear la rentabilidad con la sostenibilidad.

Diseñar productos modulares y reparables o implementar modelos de recompra y reutilización, reduce el desperdicio y promueve ciclos de vida extendidos. Muchas empresas invierten en innovación superficial en lugar de transformadora, manteniendo modelos obsoletos por temor a pérdidas económicas, lo que perpetúa prácticas no éticas como la generación intencional de residuos electrónicos o textiles y la dependencia de materiales no renovables.

Estas acciones ignoran el impacto a largo plazo en el ambiente y las comunidades afectadas, agravando la escasez de recursos. Al priorizar innovaciones genuinas, las empresas pueden generar valor duradero. Los gobiernos pueden catalizar esto mediante subsidios a la investigación en tecnologías sostenibles y marcos legales que favorezcan la economía espiralada, asegurando que la innovación beneficie a la sociedad en su conjunto, reduzca la pobreza y abra caminos hacia un futuro más próspero.

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CONSUMO SUSTENTABLE Y RESPONSABLE EN LA ALIMENTACIÓN

Noticias Ambientales

CONSUMO SUSTENTABLE Y RESPONSABLE EN LA ALIMENTACIÓN

Una decisión cotidiana e individual con impacto global

Por Héctor José Fasoli

Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.

En la nota anterior nos referimos al consumo sustentable y responsable de manera general. Hoy nos concentraremos en un aspecto mucho más específico y, posiblemente, desatendido. 

En un contexto de crisis climática, pérdida de biodiversidad y desigualdad social, nuestras decisiones alimentarias cotidianas tienen un impacto que va mucho más allá del plato que comemos cada día, de los manjares que deseamos y de lo refinados que seamos. Hablar de alimentación consciente implica reconocer dos dimensiones complementarias: la alimentación sustentable y la alimentación responsable. Ambas perspectivas, aunque distintas, convergen en un mismo objetivo: promover una forma de alimentarnos que sea viable para el planeta, justa para las personas y saludable para cada individuo.

¿Qué es la alimentación sustentable?

La alimentación sustentable se enfoca en minimizar el impacto ambiental de lo que comemos. Esto incluye:

  • Reducir la huella ecológica asociada a la producción, transporte y desperdicio de alimentos.
  • Favorecer prácticas agrícolas que conserven la biodiversidad y los suelos.
  • Priorizar alimentos locales, de temporada y con menor procesamiento.
  • Promover sistemas alimentarios que utilicen eficientemente los recursos naturales.

¿Qué es la alimentación responsable?

La alimentación responsable incorpora criterios éticos, sociales y de salud. Implica:

  • Elegir alimentos producidos en condiciones laborales justas.
  • Apoyar economías locales y circuitos cortos de comercialización.
  • Considerar el bienestar animal y el comercio justo.
  • Promover una dieta balanceada, variada y adecuada a las necesidades individuales.

 

Es importante destacar que no existe una única dieta ideal para todos. Las necesidades nutricionales varían según la edad, el estado de salud, el nivel de actividad física, las creencias religiosas, los aspectos culturales y las posibilidades económicas. Por eso, siempre que sea posible, es recomendable contar con el acompañamiento de profesionales de la nutrición que puedan orientar decisiones personalizadas.

Una propuesta integradora: alimentación consciente

La alimentación sustentable y la alimentación responsable no son excluyentes, sino complementarias. Una alimentación verdaderamente consciente es aquella que cuida tanto del entorno como de la salud individual. Se trata de adoptar prácticas que sean sostenibles para el planeta y responsables con nuestro cuerpo y por quienes producen los alimentos.

La producción de alimentos, como la de cualquier otro producto o servicio, constituye un factor clave en lo que llamamos el consumo responsable y sustentable, de lo que nos ocuparemos en una próxima nota.

Carne y sostenibilidad: una mirada contextual

En países como la Argentina, donde la carne tiene un fuerte arraigo cultural, aun sometido a vaivenes  económicos, hablar de sostenibilidad no implica eliminarla, sino repensar su consumo. Algunas estrategias posibles incluyen:

  • Elegir carnes de producción local y responsable.
  • Diversificar las fuentes de proteína (legumbres, huevos, lácteos, frutos secos).
  • Moderar el consumo excesivo, sin caer en prohibiciones.
  • Valorar prácticas ganaderas regenerativas o de pastoreo.

Estas últimas, las prácticas ganaderas regenerativas, son las que se emplearon desde comienzos de la civilización hasta, aproximadamente, comienzos de la segunda mitad del siglo XX.

Las proteínas de las carnes son acompañadas por nutrientes que no están en los vegetales, entre ellos:

–  hierro hemo[1]: presente en carnes rojas y pescado, es más fácilmente absorbido que el hierro no hemo de fuentes vegetales. La deficiencia de hierro puede afectar el desarrollo cognitivo, especialmente en niños.

–  zinc: abundante en carnes y mariscos, es crucial para el desarrollo neuronal y la función cognitiva.

vitamina B12: solo se encuentra de forma natural en productos animales (aunque puede suplementarse o encontrarse en alimentos fortificados). Su deficiencia está asociada con problemas neurológicos y cognitivos.

ácidos grasos omega-3 (DHA y EPA): presentes en pescados grasos, son esenciales para el desarrollo del cerebro, especialmente en fetos y niños pequeños.

Todos estos nutrientes pueden suplementarse de manera adecuada por quienes no consumen carnes o productos que no sean de origen animal, pero debe hacerse con una ayuda profesional.

[1] El prefijo hemo significa “rojo”, y hace referencia a la hemoglobina de los glóbulos sanguíneos de ese color.

Comparación de tipos de carne y su impacto ambiental

La tabla siguiente compara el impacto ambiental y hace consideraciones de sustentabilidad para carnes de diversos orígenes. La tabla es solo cualitativa por fines ilustrativos. Están cuantificados los factores de impacto, relacionados, por ejemplo, con el consumo de agua para la producción y la producción de gases de efecto invernadero.

Tipo de carneImpacto ambiental (promedio)Consideraciones sustentables
VacunaAltoAlta emisión de gases, uso de tierra y agua. Mejor si es de pastura y producción local.
PorcinaMedioMenor huella que la vacuna, pero depende del sistema de cría.
Aviar (pollo)Medio-bajoMenor huella de carbono, pero atención al bienestar animal en sistemas intensivos.
Ovina/caprinaVariableEn sistemas extensivos puede ser más sustentable, especialmente en zonas áridas.
Pescados y mariscosVariableDepende si es pesca salvaje (riesgo de sobrepesca) o acuicultura (impacto en ecosistemas).

En trabajos anteriores hablamos de la sorpresa que nos genera que un país con enormes costas consuma relativamente poca carne de pescado. Esta consideración contrasta con la devastadora pesca ilegal en los límites de nuestro mar.

No es el propósito de esta nota profundizar en cuestiones políticas y económicas estratégicas, sino alentar, sobre todo, a que cada uno reflexione sobre su propias formas de consumo para su alimentación y la de su familia. La buena alimentación se educa y el consumo consciente en la alimentación es una unidad de aprendizaje en la asignatura que se enseña (o debería enseñarse) en la escuela primaria.[2]

[2] La buena alimentación forma parte de los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios. No estamos seguros de si la importancia del tema se transmite a estudiantes y profesores con la importancia que se debe.

Guía práctica: 10 pasos hacia una alimentación consciente

Unos sencillos pasos, vinculados con la reflexión y el conocimiento básico del mundo que nos rodea por dentro y por fuera de nuestra piel, nos muestran que es posible desarrollar un modo de alimentación consciente, equilibrando lo que verdaderamente necesitamos con lo que el ambiente no requiere:

  1. Planificar las compras: hacer una lista y evitar compras impulsivas y compulsivas.
  2. Elegir productos locales y de estación: son más frescos y más sustentables.
  3. Cocinar en casa: menos envases, productos de origen conocido y, por lo tanto, más saludables.
  4. Revisar el consumo de carne: no se trata de eliminarla, sino de consumirla con conciencia y guía.[3] Elegir carnes locales, de producción responsable. Es recomendable y equilibrar la dieta con más vegetales, legumbres y frutas.
  5. Reducir lo más posible el consumo de azúcar y edulcorantes artificiales.
  6. Evitar alimentos ultraprocesados: contienen menos nutrientes y producen mayor impacto ambiental.
  7. Reutilizar y reciclar envases siempre que sea posible.
  8. No desperdiciar comida: aprovechar las sobras y compostar residuos orgánicos.
  9. Leer las etiquetas: informarse sobre lo que se consume es una forma de mantenerse sano y contribuir a no perjudicar al ambiente. ¿Tiene dudas? La inteligencia artificial es de gran ayuda para conocer las propiedades de sustancias desconocidas.[4]
  10. Consultar a profesionales de la salud: una dieta saludable es, sobre todas las cosas, una dieta personalizada.

[3] El autor de esta nota sostiene que uno de los grandes defectos de la educación en haber reducido y eliminado de la enseñanza primaria los cursos de física, química y biología. Estos dos últimos, encarados adecuadamente, son la base de lo que toda persona debería saber sobre el tema que tratamos aquí.

[4] …y ante cualquier duda, consulte con un químico…

Colofón austero

En un mundo que parece tambalearse al borde del desborde, donde el derroche se disfraza de abundancia y la pobreza acecha en un silencio que ensordece, la alimentación consciente emerge como un acto de resistencia callada, un susurro de esperanza. Cada bocado que elegimos es un verso en la poesía de un mundo mejor, un canto a la tierra que nos sostiene, un homenaje a quienes cultivan con manos curtidas, un compromiso con la salud que nos habita y una bofetada a quienes de todo quieren hacer una industria donde cada uno de nosotros no tenemos ni rostro ni nombre. Como se atribuye a san Francisco de Asís, en su sabiduría de la austeridad, es conveniente decir: “necesito poco, y lo poco que necesito, lo necesito muy poco”. Que esta verdad sencilla nos inspire a saborear lo esencial, a nutrirnos con intención y a sembrar, con cada decisión, un destino donde el exceso en nuestro plato aparezca en el plato casi vacío del prójimo; y para que ese alimento que nos sobra hoy no se lo robe al sustento de mañana.

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CONSUMO SUSTENTABLE Y CONSUMO RESPONSABLE

Noticias Ambientales

CONSUMO SUSTENTABLE Y CONSUMO RESPONSABLE

Por Héctor José Fasoli

Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.

¿Qué es el consumo sustentable?

El consumo responsable se refiere al uso de productos y servicios que minimizan el impacto sobre el ambiente y permite preservar los recursos para las generaciones futuras, es decir, satisfaciendo las necesidades presentes sin comprometer a las venideras.

El consumo sustentable es, por lo tanto, eficiente y está relacionado no solo con el uso de un producto o un servicio, sino también con su producción, su transporte, disposición final y posibilidad de reciclaje. En cada una de estas etapas debe incluirse, naturalmente, el consumo de energía involucrado, asunto que generalmente pasa desapercibido por el consumidor promedio.

El consumo sustentable tiene un sentido puramente declamatorio si no se lo relaciona con el denominado consumo responsable.

El consumo responsable

El consumo responsable es un concepto más amplio que nos compromete a los consumidores como actores claves en la toma de decisiones vinculadas con la utilización de productos y servicios; el consumo responsable implica la toma de decisiones individuales que pueden influir en el comportamiento social.

Es decir que el consumo responsable incluye criterios éticos personales, sociales y ambientales. Tanto el consumo sustentable como el consumo responsable se preocupan primeramente por aspectos ambientales esencialmente técnicos (como, por ejemplo, reducir la denominada huella ecológica) y aspectos sociales como la mejora de la calidad de vida y la Equidad social. Sin embargo, el consumo responsable enfatiza también sobre los derechos laborales, el comercio justo y la conciencia social en relación directa con quienes proveen los bienes y servicios.

Es innegable que, en la actual situación del mundo, parecerían haber connotaciones políticas e ideológicas sobre estos aspectos. Mi respuesta a la superficialidad de los tiempos, basadas en la opinión de legos o ignorantes son las siguientes: primero, que toda actividad social humana es política y, segundo, que se trata mucho más que mera ideología: es filosofía de la vida actual, filosofía de nuestras circunstancias.

¿Qué es la huella ecológica?

La huella ecológica es un indicador técnico que mide el impacto que tiene la actividad humana sobre el ambiente. Se define como la superficie ecológicamente productiva necesaria para obtener los recursos consumidos por una persona, comunidad, país o actividad, independientemente de dónde se encuentren estas áreas.

Este indicador se expresa en hectáreas globales por habitante y por año y permite cuantificar la cantidad de tierra y agua requeridas para sostener nuestro estilo de vida, incluyendo la producción de alimentos, energía, vivienda y otros consumos, así como el tratamiento y disposición de los residuos y la absorción de gases como el dióxido de carbono, importante sustancia responsable del efecto de invernadero que produce el aumento de la temperatura promedio del planeta.

Los principios del consumidor responsable

El consumidor responsable reconoce los límites ecológicos de su entorno y acepta ajustar su vida a esos límites. Asimismo, se preocupa por la satisfacción de necesidades básicas de toda la población, evitando el consumismo y la tendencia a “usar y tirar”.

Un consumidor responsable utiliza productos y servicios que requieren menos materiales y energía y que generan menos residuos y contaminación. También se preocupa por que esos productos y servicios empleen formas renovables de energía y minimicen la producción de desechos.

Naturalmente hay una clave para convertirse en un consumidor responsable: internalizar estas actitudes, y para eso debe ponerse el foco en la educación del ciudadano.

Prácticas individuales y familiares para ser un consumidor responsable

Ejemplos y prácticas cotidianas

Adquirir algunos hábitos personales y practicarlos habitualmente solos, en familia o en nuestras actividades laborales y recreativas nos permitirá convertirnos en consumidores responsables:

  1. Tratemos de reducir, reutilizar y reciclar productos y envases
  2. Prefiramos productos locales y de temporada
  3. Elijamos productos ambientalmente amigables, biodegradables o que cuenten con certificación de sostenibilidad
  4. Adquiramos una dieta balanceada, con un consumo de carne y vegetales ajustados a nuestras necesidades.
  5. Empleemos la energía y el agua en forma eficiente, concentrándonos en no derrochar.
  6. Utilicemos el transporte en forma eficiente: en lo posible, el transporte público sobre el individual; en el automóvil maximizando la cantidad de pasajeros. Quienes puedan, utilicen la bicicleta; quien escribe estas líneas está convencido de que debería alentarse también el uso del triciclo, ya que no son tantas las personas que se animan a circular por las calles empleando un transporte bastante inseguro frente a los automóviles (el triciclo es mucho más inclusivo, pero se lo ha relegado a vehículo para personas con discapacidad[1]).

[1] Algunos municipios del Gran Buenos Aires los utilizan en algunos paseos públicos, pero no hay en las estaciones de bicicletas, hasta donde sabemos.

Colofón responsable

En próximas notas trataremos sobre los beneficios generales, pero también sobre los desafíos y recomendaciones para tratar en la dirección correcta la problemática del consumo sustentable y responsable. Sobre todo, nos introduciremos en un tema más que espinoso: no hay consumo responsable sin producción responsable y la educación y legislación dirigidas para alcanzar estos propósitos.

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ELEGÍA SOBRE LA EDUCACIÓN

Noticias Ambientales

ELEGÍA SOBRE LA EDUCACIÓN

El  Objetivo de Desarrollo Sustentable N° 4

Por Héctor José Fasoli

Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.

Educación y economía

Algo debe andar mal en la educación mundial cuando son apenas adolescentes y también jóvenes especuladores quienes promueven y se benefician de la especulación con criptomonedas, una forma fácil de jugar con el dinero.

Mucho debe haberse hecho mal en el ámbito educativo si, aun entre niños y jóvenes, el dinero se ha convertido en un fin en sí mismo, en lugar de ser un medio para alcanzar una calidad de vida digna.

Es evidente que la educación ha sufrido un deterioro profundo si los maestros se han convertido en rehenes de sus alumnos, han perdido autoridad frente a los padres y carecen del respeto de los gobiernos.

La educación violenta

Algo debe estar fallando en el sistema educativo, especialmente en el país que se autodenomina como el más libre y poderoso, si tanto alumnos como profesores pueden ser víctimas de la violencia desatada por individuos enajenados.

Algo debe estar muy mal en la educación mundial si quienes egresan de escuelas y colegios son cada vez más arrastrados por la adicción a las pantallas, el alcohol y las drogas.

Debe estar muy mal la educación media en el mundo si algunos países han optado por dejarla a la deriva, expuesta a las garras del delito, la droga o, en contextos donde hay dinero, bajo el dominio de la prepotencia de quienes ostentan riqueza.

Educación y sociedad

Algo debe estar mal en nuestra concepción educativa si enviamos a los niños a la escuela cada vez más pequeños para que “socialicen”, mientras estamos rodeados por jóvenes y adultos cada vez más egoístas.

Debió haber un gran fracaso en la educación mundial si, a pesar de que la pedagogía presenta propuestas cada vez más innovadoras, el nivel de los estudiantes se muestra más y más superficial.

Falla gravemente la enseñanza de buenos valores si observamos que las personas son cada vez menos solidarias y las sociedades se tornan más intolerantes.

Algo debe estar muy desacertado en el sistema educativo si las sociedades que alguna vez fueron compasivas con los enfermos, caritativas con los necesitados y solidarias con los desfavorecidos ahora están plagadas de hombres y mujeres cada vez más indiferentes al sufrimiento ajeno.

La educación superior

Es preocupante que las universidades hayan dejado de ser espacios donde se fomente el pensamiento crítico y profundo sobre los problemas del alma humana, reduciéndose a meras escuelas de oficios profesionales donde lo importante es hacer sin pensar.

Algo debe estar muy, pero extremadamente muy mal en la educación en el mundo, para que entre muchos líderes parezcan predominar la soberbia, la prepotencia y la  falta de capacidad para ponerse a la altura de las circunstancias que atañen a sus países y al mundo.

Mucho debe rever la universidad si quiere volver a ser un modelo para el desarrollo social a partir de la formación de las personas y no un mero espejo de sociedades cada vez más alienadas y decadentes.

Colofón esperanzado

Quien escribe estas líneas ha pasado, como muchos, casi tanto tiempo en su casa como en las aulas de alguna institución educativa. La cuenta, fácil de hacer desde el comienzo de la universidad hasta hoy, es apabullante.

Y aunque no lo fuera, es admirable que aún haya gente que dedica parte de su vida a formar personas y transmitir conocimientos. ¿Vale la pena formar a los niños y jóvenes cuando el enseñante compite con un mundo de imágenes y sonidos que producen una fascinación comparable a los espejitos de colores de la época de la conquista?

 La respuesta, una vez más, es sí y mil veces sí: si la batalla no se diera, el resultado sería infinitamente peor y, por ejemplo, los zombis que caminan por las calles del mundo, con sus cerebros destrozados por el fentanilo y otras drogas serían millones, las guerras inadmisibles se multiplicarían y la intolerancia se apoderaría del alma de cada uno de nosotros hasta transformarnos en monstruos irreconocibles.

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CONVERSACIÓN ÍNTIMA SOBRE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

CONVERSACION INTIMA SOBRE VIOLENCIA CONTRA MUJERES 1200

Noticias Ambientales

CONVERSACIÓN ÍNTIMA SOBRE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

Por Héctor José Fasoli

Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.

 

Muchos vivimos en pequeñas burbujas sociales, donde muchas veces las peores inclinaciones se ocultan tras buenos modales, hasta que salen a la luz en palabras o gestos despreciables. Quiero compartir tres situaciones en las que presencié violencia contra mujeres y pude intervenir. Solo tres, en un mundo lleno de violencia física y psicológica que vemos a diario en los medios. Son muchos, si consideramos que provienen del ámbito universitario, donde no debería haber discriminación de género. Estos casos, por su antigüedad, son anteriores a los movimientos mundiales sobre el tema, lo que los hace particularmente interesantes como antecedentes sobre lo que estamos defendiendo en pleno siglo XXI.

Caso 1: el país de las oportunidades

A finales de los 80, en una universidad norteamericana con una gran comunidad latina, una amiga estudiante de doctorado me contó que estaba a punto de dejar sus estudios. Su director, un científico latino de renombre, la maltrataba psicológicamente.

Entre sollozos, me confesó que él le había dicho que, a pesar de sus limitaciones intelectuales, en los EE.UU. ella llegaría lejos por ser representante de todas las minorías privilegiadas: mujer, latina y estar embarazada.

Me tomó una hora de conversación calmarla y mostrarle que él, con toda seguridad, proyectaba sus propias limitaciones en ella. Mi colega pudo superar los obstáculos, doctorarse y nada impidió que tuviera una brillante carrera en la industria.

Caso 2: la ingeniería y algunos ingenieros

A principios de los 2000, participé de una reunión con un grupo de ingenieros que discutía sobre el futuro de las energías renovables. Entre ellos había una ingeniera con gran formación y experiencia en Europa. Cuando ella hablaba, el ambiente se tensaba y la interrumpían. No entendía por qué.

Al levantarse para ir a otra reunión, uno comentó: “Ingenieras mujeres… muestran las piernas porque no pueden mostrar la inteligencia”. Me levanté y dije: “Discúlpenme, señores, para mí esta reunión ha terminado. Sin respeto profesional y con comentarios de ese tipo, no hay discusión que valga la pena”.

Caso 3 y más casos: ¿carreras para todos y todas?

A mediados de la década de 2010, una joven me pidió ayuda para contactar a alguien que la asesorara para estudiar ingeniería naval. Le pasé el favor a una colega con vínculos en la carrera.

Días después, la joven me dijo: “Tu conocida me dijo que esta carrera no me conviene; que me harán la vida imposible por ser mujer”. Una conversación libre de prejuicios puso las cosas en su contexto; sin embargo, por muchas otras razones, la joven eligió otra carrera.

No es el único caso; hemos visto mucho: jovencitas que no se integran en grupos de estudio por no vivir en “zona norte” o por tener becas “para pobres”. Prejuicios sobre la estatura, el color de piel y la contextura física son comunes en todos los ambientes, especialmente crueles en la universidad y en el ámbito laboral.

Denuncias silenciadas de acoso sexual a estudiantes mujeres y, anteriormente, el silencio y evitar la denuncia porque siempre queda el estigma del “algo habrá hecho”. Afortunadamente, la información empieza a salir a la luz: es el primer paso para que las cosas vayan cambiando.[1]

[1] López, Alejandra; Violencia contra las mujeres en el ámbito universitario: una realidad emergente en la región; Debates • Interface 23 14 Nov 20192019 https://doi.org/10.1590/Interface.190651

Violencia en la empresa

El tema que nos ocupa suele ser más delicado en la empresa, especialmente en la privada, donde los mecanismos internos suelen filtrar más eficientemente situaciones particulares de discriminación y violencia.

Sin embargo, hay cuestiones claramente objetivas y generales que pueden mencionarse como evidentes: la brecha salarial, el acceso a puestos directivos, los despidos y las reservas de contratación frente a una posible maternidad (¡en las entrevistas se le pregunta a la mujer si planea ser madre!).

También aquí hay estudios que se ocupan de describir con visión equilibrada la situación.[2] Si bien la reacción mundial es contra todo “el sistema”, la realidad muestra que hay lugares donde la situación es particularmente crítica.

[2] Jorge E. Horbath, Amalia Gracia; Discriminación laboral y vulnerabilidad de las mujeres frente a la crisis mundial en México; Econ. soc. territ vol.14 N°.45 Toluca may./ago. 2014; Discriminación laboral y vulnerabilidad de las mujeres frente a la crisis mundial en México

El problema no es el número

Quien se mueve en un ambiente más o menos culto, más o menos sano, más o menos contenido, seguramente no contará a lo largo de su vida haber enfrentado o intervenido directamente en más de tres o cuatro casos como los que relatamos más arriba.

No parecen demasiados; más aún, parecen pocos en relación a la enorme cantidad de situaciones donde no parece haber discriminación, la convivencia es armónica y uno se remite a un ambiente donde las mujeres son mayoría o están equiparadas en cantidad y cargos a los varones.

Sin embargo, aquí tal vez pueda ser útil aquella frase de Borges: “lo que un hombre hace, es como si todos los hombres lo hicieran”, y agrega: “por esa razón, no es injusto que una desobediencia en un jardín contamine a toda la humanidad”.

Está muy bien, eso: la gravedad de un acto cometido por una sola persona nos advierte que puede ser llevado a cabo por muchas más.  La historia da demasiados ejemplos al respecto. Me dirán que esta forma de violencia era difícil de prever porque está en los orígenes mismos de la especie.

Argumentos como esos pueden usarse a favor y en contra con la misma eficacia. La realidad es que culturalmente se va cambiando y los cambios requieren de acciones delicadas para evitar los excesos opuestos.  El tiempo se ocupará de poner las cosas en su lugar, para bien o para mal (el principio de acción y reacción es implacable).

El difícil desafío

Toda elucubración pierde sentido cuando uno lee que un marido muele a trompadas y patadas a su esposa, quien termina ahogada en el fondo de un río, o cuando nos enteramos que en la Argentina ocurre un femicidio por día.

Colofón

Lo único que queda por decir es que la maldad de cada hombre no se replica en todos los hombres. Esto no contradice sino refuerza lo dicho en el párrafo anterior: la maldad de un solo hombre compele a los demás a ser mejores, a castigar al culpable y a revisar el comportamiento propio para que no todos llevemos para siempre el mismo estigma del malvado.

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OBJETIVOS ESPECÍFICOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE

OBJETIVOS ESPECIFICOS DESARROLLO SOSTENIBLES 1200

Noticias Ambientales

OBJETIVOS ESPECÍFICOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE

Salud y bienestar (ODS N° 3)

Por Héctor José Fasoli

Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.

 

En una nota anterior, reclasificamos los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. Este análisis se basó en el impacto que estos objetivos tienen sobre los individuos y sus familias, la sociedad en general y el medio ambiente.

Utilizamos el criterio que sostenemos en esta columna: somos individuos, pero también formamos parte del ambiente, de nuestra circunstancia (Ortega y Gasset, 1914), y que el ambiente también es parte de nosotros. En esta ocasión, abordaremos brevemente los resultados del ODS N° 3 a la luz de la agenda 2015-2030.

ODS N.°3: salud y bienestar

En un mundo que supera los 8.000 millones de habitantes, según informes recientes, aproximadamente 4.500 millones de personas carecen de cobertura completa por parte de cualquier Sistema de Salud, ya sea público o privado, lo que les impide acceder a atención básica.

Además, alrededor de 2.000 millones enfrentan dificultades financieras para pagar por servicios de salud. Aproximadamente 1.300 millones de personas han sido empujadas más profundamente a la pobreza debido a gastos médicos, incluyendo a 300 millones que ya vivían en condiciones de pobreza extrema.[1]

Aunque se podría realizar un análisis más detallado de estos números, en nuestro enfoque no es radicalmente esencial la distancia a los Centros de Atención, como ocurre en las zonas rurales donde la población, por otra parte, es cada vez menor.

En la Argentina, hay provincias que han organizado sistemas de atención para diferentes niveles de urgencia en áreas rurales, donde un caso grave puede ser tratado en pocas horas en un centro especializado en una gran ciudad mediante un adecuado sistema de traslados. Es decir, contar con servicios de salud adecuados es posible, aún en poblaciones alejadas.

[1] https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2023/09/18/billions-left-behind-on-the-path-to-universal-health-coverage

 

 

Salud e ideología

La calidad de la atención sanitaria no debería depender de la capacidad económica de una persona. Las razones son claras desde un punto de vista humanitario. Desde una perspectiva economicista, todos los profesionales son formados en nuestras universidades y, generalmente, no existen diferencias significativas en los salarios que perciben en instituciones públicas o privadas; es un hecho que, incluso dentro del sistema público, los salarios pueden variar según la provincia o municipio.

Los equipos para diagnóstico y tratamiento deberían estar disponibles para todos a través de bancos locales o regionales de equipamiento. En última instancia, lo único que podría diferenciar a las instituciones sería lo que, de manera poco afortunada, se denomina “servicio de hotelería” en el ámbito sanitario.

Para quienes intenten ideologizar esta opinión, confieso que desde joven he conversado con médicos y otros profesionales de la salud; nunca he encontrado a alguien que considere adecuado el actual Sistema Sanitario Mundial.

De hecho, muchos están en desacuerdo con lo que se llama “Medicina Privada”, que ha transformado la medicina, carrera tradicionalmente considerada una profesión liberal: los médicos jóvenes ya no aspiran a tener su propio consultorio. El Sistema Privado ha proletarizado la profesión, como se evidencia solapadamente en la recomendación: “ante cualquier duda consulte a su prestador de servicio de salud”.

¿Qué dice la Organización Mundial de la Salud?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) es muy clara con respecto a la Cobertura Universal de Salud (CUS):[2]

  • Fortalecimiento de la Atención Primaria: 

La OMS recomienda un enfoque basado en la atención primaria, capaz de proporcionar el 90% de las intervenciones esenciales necesarias para lograr la CUS. Esto no solo mejoraría el acceso, sino que también podría reducir costos a largo plazo (y, agregamos, también a corto y mediano plazos).

  • Eliminación de Pagos Directos: 

Siempre según la OMS, es fundamental avanzar hacia la eliminación de pagos directos al momento de recibir atención. Esto podría lograrse mediante sistemas más equitativos de financiamiento, como seguros públicos o subsidios para quienes más lo necesitan.

  • Datos y Monitoreo:

La OMS también sostiene que mejorar la recopilación de datos sobre desigualdades en salud es crucial. Esto permitirá a los responsables políticos identificar y abordar las brechas en el acceso a servicios sanitarios, asegurando que las intervenciones sean efectivas y dirigidas a quienes más lo requieren.

La Argentina no presenta grandes diferencias con lo que ocurre a nivel mundial. No debemos olvidar que nuestro sistema sanitario se construyó gracias a la genialidad de destacados sanitaristas desde finales del siglo XIX y gran parte del XX, casi simultáneamente con el mundo occidental.

Solo un Sistema Público garantiza la reducción de muertes prematuras e infantiles en zonas económicamente poco atractivas para los Sistemas Privados. Existen múltiples maneras de hacer más económica tanto la Salud Pública como la Privada; sin embargo, parece que los gobiernos y los sistemas mixtos y privados no se han dado cuenta o simplemente no conviene.

Por otro lado, la pandemia del COVID-19 evidenció el alcance y las responsabilidades del sistema privado, que sobrevivió gracias al apoyo estatal.

[2] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/universal-health-coverage-%28uhc%29

Salud y humanismo

La Salud, la Educación y la Justicia son fundamentales para garantizar la igualdad de oportunidades. Aunque algunos cuestionen su importancia, estos principios son un imperativo tanto moral como social.

Esto tampoco constituye una posición ideológica: Hipócrates, Platón y Aristóteles trataron con este criterio a esos temas hace cerca de 2500 años.  La salud es un derecho humano esencial; garantizar su acceso es crucial para el desarrollo individual.

Adoptar políticas que prioricen la atención primaria y eliminen barreras económicas podría revolucionar la salud globalmente, permitiendo que millones lleven vidas más sanas, felices y productivas.

Colofón sostenible

La realidad muestra que la ODS N° 3 está lejos de alcanzar las metas propuestas en 2015. Señalar la falta de logros es, con todo, mucho mejor que desconocer los problemas o que definir que la salud es un “hecho individual” que solo debe preocupar a quien le falte.

En muchos temas que afectan a la persona, a su familia y a la sociedad, indicar que no se cumplen los objetivos es muchísimo mejor que no tener ningún tipo de objetivos.

Pero, como dijimos en notas anteriores, no alcanza con fijar objetivos y establecer observatorios sobre esos objetivos: es imperioso hacer algo.

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LA AGENDA 2030 Y LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE

AGENDA 2030 DESARROLLO SOSTENIBLE(1)

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LA AGENDA 2030 Y LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE

Por Héctor José Fasoli

Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.

 

En septiembre de 2015, los 193 Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas firmaron un plan de acción global denominado Agenda 2030. El propósito de este Plan es promover un desarrollo sostenible, atendiendo a las problemáticas más acuciantes a nivel global en la actualidad. En este y los siguientes artículos, abordaremos muchas de esas temáticas, analizando los logros alcanzados hasta el momento y dando nuestra propia perspectiva sobre lo que se han denominado Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El desarrollo sostenible

Se define que el desarrollo es sostenible cuando “satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas”.[1] Lo que se da por implícito, entonces, es que hasta ahora el concepto de desarrollo estaba (sigue estando) asociado exclusivamente al desarrollo económico.

A nuestro juicio, si no se especifica explícitamente el adjetivo “económico”, no queda claro cuál es el objetivo global del desarrollo. Esto nos lleva a un aspecto relevante, ya que en la Agenda 2030 el concepto de sostenibilidad se aplica a cuatro ámbitos distintos pero interrelacionados: económico, ambiental, social y político. Poner explícitamente el adjetivo “económico/a” tanto a “desarrollo” como a “sostenibilidad” aclarará la tesis que desarrollaremos en nuestros próximos artículos.

Resaltar que el adjetivo “económico” aparezca como núcleo del desarrollo y como parte de la sostenibilidad revela que hay varias formas de entender eso que llamamos, de manera genérica: desarrollo. En resumen, se reconoce la necesidad de que debe haber un desarrollo económico y que ese desarrollo económico debe alcanzarse de manera sostenible, considerando la economía de las personas y la sociedad, la conservación del ambiente y la estabilidad social y política.

[1] Nuestro futuro común (Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, 1987), en https://climate.selectra.com/es/que-es/desarrollo-sostenible.

Desarrollo y necesidades

Entendemos que la definición de desarrollo como “satisfacción de necesidades” presenta algunas imprecisiones. El término “satisfacción” es bastante general y ambiguo, ya que, en su acepción más cercana al tema en cuestión, satisfacer[2]significa saciar un apetito o aquietar las pasiones del ánimo.  Por otro lado, la definición para necesidad es más precisa, pero más extrema[3]: carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida y aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir.

La falta de precisión en los puntos de partida siempre dificultará que los objetivos estén claramente definidos y, sobre todo, que los medios elegidos sean los adecuados. No queremos abrir aún más el tema, pero es algo parecido a lo que ocurre con la educación. En resumen, consideramos que la definición de desarrollo basada en la “satisfacción de necesidades” carece de la claridad y precisión necesarias, lo que puede generar confusión en los objetivos y la elección de medios apropiados para alcanzarlos.

[2] Tomamos para satisfacción, respectivamente, las acepciones 4 y 3 del Diccionario de la Lengua Española (DEL).

[3] Para necesidad, empleamos las acepciones 3 y 2 del DEL, respectivamente.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible

La Agenda 2030 estableció diecisiete objetivos para atender las situaciones que se consideran apremiantes en el siglo XXI. Nosotros los categorizamos de manera algo arbitraria en objetivos individuales, sociales y globales. La elección de los grupos la hicimos atendiendo al impacto directo sobre la persona, su sociedad y el “hogar común”: nuestro planeta. Cabe mencionar que algunos objetivos podrían estar incluidos en más de un grupo debido a su profunda interrelación. (entre paréntesis escribimos los números asignados por la ONU):[4]

Objetivos individuales

Estos objetivos tienen un impacto directo en el bienestar y desarrollo de cada persona:

  • Pobreza (1)
  • Hambre cero (2)
  • Salud y bienestar (3)
  • Educación de calidad (4)
  • Agua limpia y saneamiento (6)
  • Trabajo decente y crecimiento económico (8)

Si bien la reducción de la pobreza es un objetivo social, nos interesa específicamente la mejora en la calidad de vida de cada individuo, más allá de las estadísticas (nos importa “la pobreza” pero, sobre todo, “el pobre”).

Objetivos sociales

Estos objetivos buscan mejorar las condiciones de vida a nivel de la sociedad:

  • Igualdad de género (5)
  • Energía asequible y no contaminante (7)
  • Industria, innovación e infraestructura (9)
  • Reducción de las desigualdades (10)
  • Ciudades y comunidades sostenibles (11)
  • Producción y consumo responsables (12)
  • Paz, justicia e instituciones sólidas (16)

A diferencia de la pobreza, la igualdad de género (5) se puede promover de manera directa a través de leyes y políticas públicas, por eso la incluimos en este grupo.

Por otro lado, aunque la Paz mundial no esté garantizada solo por la justicia y solidez de las instituciones en cada país, la inclusión del objetivo 16 en este grupo se debe a que la estabilidad interna de las naciones es fundamental para lograr sociedades más justas y cohesionadas.

Objetivos globales

Estos objetivos requieren acciones coordinadas a nivel mundial, incluyendo acuerdos intergubernamentales:

  • Acción por el clima (13)
  • Vida submarina (14)
  • Vida de ecosistemas terrestres (15)
  • Alianzas para lograr los objetivos (17)

Todas las acciones sobre estos objetivos globales tendrán un impacto en cada individuo y en la sociedad en la que vive, pero su alcance trasciende las fronteras de los países.

En resumen, esta categorización busca resaltar que, aunque todos los objetivos están interrelacionados y persiguen el desarrollo sostenible, algunos tienen un foco más individual, otros apuntan a transformaciones sociales, y algunos requieren una perspectiva global y cooperación internacional para ser alcanzados.

[4] https://sdgs.un.org/goals

Colofón sostenible

El objetivo de los próximos artículos será, precisamente, analizar los ODS sobre la base de las esperanzas iniciales (2015) y los logros alcanzados a poco más de un lustro para llegar al 2030. Presentaremos las metodologías elegidas para el seguimiento de los logros y cuáles fueron estos a lo largo de casi diez años. Nos espera un desafío más que interesante.

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ENCERRADOS DEL LADO DE AFUERA

ENCERRADOS DEL LADO DE AFUERA

Noticias Ambientales

ENCERRADOS DEL LADO DE AFUERA

Por Héctor José Fasoli

Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.

 

Hasta fines de los años 1990, era raro ver en Buenos Aires edificios de departamentos con seguridad privada, lo que ya era común en varios países de Sudamérica. Muchos domicilios reforzaron sus entradas con gruesas rejas tanto en la ciudad como en el Gran Buenos Aires debido al aumento de la inseguridad, medida que, sin embargo, no impiden delitos como las “entraderas”.

Presos adentro y afuera

Desde hace no muchos años somos testigos de un nuevo fenómeno: edificios públicos con sus perímetros enrejados y hasta parroquias y templos con sus atrios clausurados por gruesos barrotes. Aun los diminutos zaguanes que separan la puerta de entrada de la línea de la acera de muchas casas se encuentran cerrados con portezuelas de metal de diferentes alturas.  Tanta parafernalia metálica tiene un propósito común: aislar esos sectores de la presencia de “personas en situación de calle”, como la sociología políticamente correcta denomina a quienes, por las razones que fueren, habitan nuestras grandes ciudades, sin techo, pero también sin cama limpia, sin acceso a una alimentación sana, al aseo ni al uso de sanitarios.

La ciudad encierra a los menesterosos entre sus confines y sus paredes, en tanto que el resto nos separamos de ellos refugiándonos del lado de adentro de esos mismos muros de casas privadas y edificios públicos.

Donde vive la indigencia

Los cajeros automáticos de los bancos se han transformado en monoambientes para muchas de estas personas. Sé que hay quienes no entran de noche a extraer dinero por miedo a que los roben. Yo enfrenté dos sentimientos diferentes, pero curiosos: una vez no entré al cajero para no despertar a quien dormía; otra vez, que noté algún movimiento, entré, nos saludamos e hice mi transacción.

Los pasajes de las estaciones de subterráneo son otros sitios que funcionan como dormitorios cotidianos. Allí, tal vez por la condición del habitante nocturno -muchas veces personas ebrias o drogadas- el ambiente resulta más sucio y despierta temor.

Las marquesinas de los comercios sirven de techo a familias enteras que despliegan sus colchones y sus escasos enseres para pasar allí la noche y parte del día.

Verdades a medias

Pero siempre está el muro, la vidriera o la reja para encerrarlos del lado de afuera, en ciudades desaprensivas, ciegas, sordas y mudas: de un lado el calor del hogar, del otro el frío que corroe el alma aun en la noche más calurosa.

Ahí están ellos, personas que se han vuelto personajes, o -como parecen opinar algunos gobernantes- que se han transformado en parte del paisaje urbano, en actores de un drama cotidiano que, de tan recurrente, se ha naturalizado.

“Nadie hace nada”, dicen algunos; “no quieren vivir en los paradores porque les roban”, comentan otros; o simplemente está el que dice que “viven así porque quieren”. Tres de tantas afirmaciones que tal vez apenas sean apreciaciones puntuales, menos representativas que las encuestas de los movileros de la radio o la TV.

Los números de la calle

Solo en la ciudad de Buenos Aires hay más de 8.000 personas en situación similar y alrededor de unas 5.000 en alguna de las condiciones descriptas en esta nota (estas son cifras extraoficiales, las oficiales son menores). Son pocos para una ciudad populosa como Buenos Aires, aunque uno solo ya sería demasiado. Son pocos para que los gobiernos no tomen la decisión de hacer algo: en no mucho más que dos manzanas se pueden construir habitaciones individuales de veinte metros cuadrados con baño y cocina; si se trata de familias, el espacio total es proporcionalmente menor (cuatro personas pueden vivir en cuarenta metros cuadrados con habitaciones individuales). Un sistema de hotelería digna, limpia y segura donde cada uno podría aportar lo suyo para ganar su plato de comida y, sobre todo, los chicos ir a la escuela y jugar, jugar el resto del tiempo.

Colofón modesto

Esta columna no es de propuestas. Ni siquiera es de buenas ideas. Tal vez (y muy probablemente) no tenga ideas, buenas ni malas. Nos pidieron hace dos años que habláramos del ambiente.  Somos consecuentes con este propósito y coherentes con nuestra posición: como dijimos desde el principio desde estas notas, nuestro ambiente es, sobre todo, el prójimo.

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CAMBIO CLIMÁTICO (II): LOS BONOS DE CARBONO

HUELLA DE CARBONO 1200

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CAMBIO CLIMÁTICO (II): LOS BONOS DE CARBONO

Por Héctor José Fasoli

Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.

 

El tema del cambio climático fue tratado varias veces desde que comenzamos esta columna, allá en los comienzos de 2022. En octubre del año pasado explicamos brevemente el tema y anunciamos su continuación.

Resumamos en forma de ejercicio de preguntas y respuestas algunos aspectos importantes sobre este asunto, para llegar a presentar una alternativa con el fin de tratar de minimizar la principal causa del cambio climático.

El origen del cambio climático

Pregunta (P).  ¿Cuáles son las causas del cambio climático global

Entre las causas principales está la emisión de dióxido de carbono (se lo denomina CO2 y se lo nombra ce-o-dos), la cual es continua y descontrolada desde hace casi tres siglos”.

P. ¿El dióxido de carbono es el único gas responsable del cambio climático?

“No, hay otros gases que producen un efecto aún mayor que el CO2, como por ejemplo el metano (gas natural). Sin embargo, por cuestiones de uniformidad, las emisiones de gases de efecto invernadero se expresan en toneladas de CO2 equivalente (es decir que si se emite cierta cantidad de metano, lo que se indica es a cuánto dióxido de carbono equivaldría esa cantidad de metano).”

P. ¿De dónde provienen el dióxido de carbono y esos otros gases?

“El dióxido de carbono se origina principalmente en la combustión de combustibles fósiles (carbón y derivados del petróleo), pero también en otras actividades humanas como la deforestación, la que le quita al planeta los pulmones verdes capaces de transformar el CO2 en vida vegetal. El metano se produce, entre otras causas antropogénicas, como consecuencia de la cría intensiva de ganado, especialmente vacuno y ovino”.

P. ¿Cómo afecta el dióxido de carbono y otros gases a la temperatura del planeta?

Mediante el denominado efecto invernadero. La superficie de la tierra se calienta por la radiación solar, pero también se comporta como un espejo que refleja parte de esa radiación, devolviéndola al espacio. El CO2 y otros gases impiden que escape al espacio la radiación reflejada, esta calienta el gas atmosférico y hace que aumente la temperatura promedio del planeta”.

P. ¿Por qué se habla de cambio climático?

“Porque si bien, en promedio, la temperatura del planeta aumenta, ocurrirán fenómenos climáticos regionales que pueden afectar a cada lugar de manera muy diferente. Por ejemplo, la descongelación de masas de hielo por aumento de la temperatura producirá el movimiento de grandes cantidades de agua fría que puede hacer que disminuya la temperatura de zonas habitualmente cálidas.

Los hielos derretidos pueden aumentar el nivel de los océanos y hacer que muchas islas desaparezcan y las costas se modifiquen. Los cambios de temperatura en la atmósfera generan grandes movimientos de aire cuya consecuencia son tormentas violentas en lugares no preparados para enfrentarlos”.

El carbono deja su huella

P. ¿Cómo se expresan en números las emisiones de dióxido de carbono?

“Es costumbre hablar de la “huella de carbono”.

La huella de carbono de toda actividad se expresa en toneladas de CO2 equivalente (ver más arriba). El objetivo es reducir la huella de carbono de todo país, empresa o persona, es decir, disminuir la emisión de gases de efecto invernadero todo lo que sea posible”.

P. ¿Cómo se puede actuar para reducir la huella de carbono?

“Las acciones son a todos los niveles: gubernamental, empresarial e individual, emitiendo menos CO2 y otros gases. Para esto es necesario ahorrar energía, reemplazarla por formas renovables como la solar o la eólica y lograr procedimientos más eficientes en cualquier tipo de actividad. En definitiva, la huella de carbono se reduce actuando de manera solidaria de manera de reducir este fenómeno que afecta la “casa común”: nuestro planeta”.

P. ¿Es costoso conseguir eso?

“Por lo pronto requiere un cambio de actitud y de conducta; ni uno ni otro son inmediatos, involucran a la educación y tomar decisiones que afectan nuestras “zonas de confort”. Por otro lado, puede requerir de inversiones en proyectos de sustitución de tecnologías, capacitación de personal y otros gastos que no todos están dispuestos a hacer, a menos que se impongan penalidades o se reciban incentivos por reducir las emisiones.

El punto clave en esta última respuesta es que las acciones mencionadas son costosas y, como sostienen muchos, los individuos solo reaccionan cuando se les afecta el bolsillo. Para alentar actividades que reduzcan las emisiones de CO2 a través de acciones que impliquen inversiones se buscaron mecanismos económicos. Es aquí donde nace el sistema de bonos de carbono”.

La economía del cambio climático

“Los bonos de carbono son créditos que las empresas (gobiernos o, incluso personas individuales) pueden adquirir para compensar sus emisiones de CO2. Se propusieron en el Protocolo de Kyoto en 1997 por iniciativa de una economista argentina radicada en los Estados Unidos.  Un ejemplo sencillo y a nivel pequeño puede ayudar a comprender cómo funciona el sistema de bonos ambientales.

Supongamos que cada barrio cuenta con cinco contenedores de basura y que, por las razones que sean, el camión pasará una vez por semana llevándose solamente lo que hay dentro de cada contenedor.

La experiencia indica que el barrio genera mucho más que cinco contenedores por semana, así que una junta de expertos calcula cuánta basura debe generar cada usuario para que los contenedores no se llenen; supongamos dos bolsas de basura cada tres días. Pero ocurre que algunos usuarios generan menos que eso (digamos, solo una bolsa), algunos generan dos bolsas y otros generan bastante más (por ejemplo, cuatro bolsas).

Los usuarios que generan menos de dos bolsas pueden ser premiados con “bonos de basura”. A su vez, todos pueden proponerse generar menos y, de esta manera, obtener más bonos por ese esfuerzo. Por ejemplo, el vecino que generaba dos bolsas comienza a desperdiciar menos comida, comprar productos sueltos, etc., con lo que pasa a generar solo una bolsa de basura cada tres días; en compensación a ese esfuerzo recibirá sus bonos de carbono”.

P. ¿Para qué sirven esos bonos?

“Por ejemplo, para vendérselos a los que generan demasiado, de manera que puedan compensar su exceso con lo que ahorran otros. Como el precio de los bonos puede variar, ya que los que generan mucho tendrán que pagar multas por ese exceso de generación de basura, les convendrá invertir en procesos que les permita ahorrar.

La reducción de la generación de basura de los grandes hará que baje el precio de los bonos de los chicos. Se genera así una economía de mercado con el ahorro de la generación de basura.

 La basura de este ejemplo es la emisión de dióxido de carbono, los generadores son las empresas, los gobiernos y los individuos. La cantidad de CO2 que se puede introducir al ambiente surge de cálculos y protocolos tendientes a minimizar el cambio climático antes de que se vuelva un fenómeno incontrolable o irreversible”.

Colofón subjetivo

“No me gusta que el dinero sea la medida de todas las cosas. Preferiría una sociedad más solidaria, con personas que se preocupen por el prójimo, con gobiernos que se ocupen de algo más que ganar la próxima elección y empresas que no requieran de este tipo de incentivos o penalidades para propender al bien común.

Pero una cosa es la utopía de un mundo ideal y otra es la realidad que enfrentamos cada día. Como dejamos entrever muchas veces, podemos soñar un mundo perfecto, pero solo tratar de conseguir un mundo real que sea el mejor posible”.   

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