
EL LADO B DEL CONSUMO RESPONSABLE (PARTE 2)
Noticias Ambientales EL LADO B DEL CONSUMO RESPONSABLE (PARTE 2): La responsabilidad social de las empresas Por Héctor José Fasoli Doctor en Química, docente e
Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.
En la nota anterior nos referimos al consumo sustentable y responsable de manera general. Hoy nos concentraremos en un aspecto mucho más específico y, posiblemente, desatendido.
En un contexto de crisis climática, pérdida de biodiversidad y desigualdad social, nuestras decisiones alimentarias cotidianas tienen un impacto que va mucho más allá del plato que comemos cada día, de los manjares que deseamos y de lo refinados que seamos. Hablar de alimentación consciente implica reconocer dos dimensiones complementarias: la alimentación sustentable y la alimentación responsable. Ambas perspectivas, aunque distintas, convergen en un mismo objetivo: promover una forma de alimentarnos que sea viable para el planeta, justa para las personas y saludable para cada individuo.
La alimentación sustentable se enfoca en minimizar el impacto ambiental de lo que comemos. Esto incluye:
La alimentación responsable incorpora criterios éticos, sociales y de salud. Implica:
Es importante destacar que no existe una única dieta ideal para todos. Las necesidades nutricionales varían según la edad, el estado de salud, el nivel de actividad física, las creencias religiosas, los aspectos culturales y las posibilidades económicas. Por eso, siempre que sea posible, es recomendable contar con el acompañamiento de profesionales de la nutrición que puedan orientar decisiones personalizadas.
La alimentación sustentable y la alimentación responsable no son excluyentes, sino complementarias. Una alimentación verdaderamente consciente es aquella que cuida tanto del entorno como de la salud individual. Se trata de adoptar prácticas que sean sostenibles para el planeta y responsables con nuestro cuerpo y por quienes producen los alimentos.
La producción de alimentos, como la de cualquier otro producto o servicio, constituye un factor clave en lo que llamamos el consumo responsable y sustentable, de lo que nos ocuparemos en una próxima nota.
En países como la Argentina, donde la carne tiene un fuerte arraigo cultural, aun sometido a vaivenes económicos, hablar de sostenibilidad no implica eliminarla, sino repensar su consumo. Algunas estrategias posibles incluyen:
Estas últimas, las prácticas ganaderas regenerativas, son las que se emplearon desde comienzos de la civilización hasta, aproximadamente, comienzos de la segunda mitad del siglo XX.
Las proteínas de las carnes son acompañadas por nutrientes que no están en los vegetales, entre ellos:
– hierro hemo[1]: presente en carnes rojas y pescado, es más fácilmente absorbido que el hierro no hemo de fuentes vegetales. La deficiencia de hierro puede afectar el desarrollo cognitivo, especialmente en niños.
– zinc: abundante en carnes y mariscos, es crucial para el desarrollo neuronal y la función cognitiva.
– vitamina B12: solo se encuentra de forma natural en productos animales (aunque puede suplementarse o encontrarse en alimentos fortificados). Su deficiencia está asociada con problemas neurológicos y cognitivos.
– ácidos grasos omega-3 (DHA y EPA): presentes en pescados grasos, son esenciales para el desarrollo del cerebro, especialmente en fetos y niños pequeños.
Todos estos nutrientes pueden suplementarse de manera adecuada por quienes no consumen carnes o productos que no sean de origen animal, pero debe hacerse con una ayuda profesional.
[1] El prefijo hemo significa “rojo”, y hace referencia a la hemoglobina de los glóbulos sanguíneos de ese color.
La tabla siguiente compara el impacto ambiental y hace consideraciones de sustentabilidad para carnes de diversos orígenes. La tabla es solo cualitativa por fines ilustrativos. Están cuantificados los factores de impacto, relacionados, por ejemplo, con el consumo de agua para la producción y la producción de gases de efecto invernadero.
| Tipo de carne | Impacto ambiental (promedio) | Consideraciones sustentables |
| Vacuna | Alto | Alta emisión de gases, uso de tierra y agua. Mejor si es de pastura y producción local. |
| Porcina | Medio | Menor huella que la vacuna, pero depende del sistema de cría. |
| Aviar (pollo) | Medio-bajo | Menor huella de carbono, pero atención al bienestar animal en sistemas intensivos. |
| Ovina/caprina | Variable | En sistemas extensivos puede ser más sustentable, especialmente en zonas áridas. |
| Pescados y mariscos | Variable | Depende si es pesca salvaje (riesgo de sobrepesca) o acuicultura (impacto en ecosistemas). |
En trabajos anteriores hablamos de la sorpresa que nos genera que un país con enormes costas consuma relativamente poca carne de pescado. Esta consideración contrasta con la devastadora pesca ilegal en los límites de nuestro mar.
No es el propósito de esta nota profundizar en cuestiones políticas y económicas estratégicas, sino alentar, sobre todo, a que cada uno reflexione sobre su propias formas de consumo para su alimentación y la de su familia. La buena alimentación se educa y el consumo consciente en la alimentación es una unidad de aprendizaje en la asignatura que se enseña (o debería enseñarse) en la escuela primaria.[2]
[2] La buena alimentación forma parte de los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios. No estamos seguros de si la importancia del tema se transmite a estudiantes y profesores con la importancia que se debe.
Unos sencillos pasos, vinculados con la reflexión y el conocimiento básico del mundo que nos rodea por dentro y por fuera de nuestra piel, nos muestran que es posible desarrollar un modo de alimentación consciente, equilibrando lo que verdaderamente necesitamos con lo que el ambiente no requiere:
[3] El autor de esta nota sostiene que uno de los grandes defectos de la educación en haber reducido y eliminado de la enseñanza primaria los cursos de física, química y biología. Estos dos últimos, encarados adecuadamente, son la base de lo que toda persona debería saber sobre el tema que tratamos aquí.
[4] …y ante cualquier duda, consulte con un químico…
En un mundo que parece tambalearse al borde del desborde, donde el derroche se disfraza de abundancia y la pobreza acecha en un silencio que ensordece, la alimentación consciente emerge como un acto de resistencia callada, un susurro de esperanza. Cada bocado que elegimos es un verso en la poesía de un mundo mejor, un canto a la tierra que nos sostiene, un homenaje a quienes cultivan con manos curtidas, un compromiso con la salud que nos habita y una bofetada a quienes de todo quieren hacer una industria donde cada uno de nosotros no tenemos ni rostro ni nombre. Como se atribuye a san Francisco de Asís, en su sabiduría de la austeridad, es conveniente decir: “necesito poco, y lo poco que necesito, lo necesito muy poco”. Que esta verdad sencilla nos inspire a saborear lo esencial, a nutrirnos con intención y a sembrar, con cada decisión, un destino donde el exceso en nuestro plato aparezca en el plato casi vacío del prójimo; y para que ese alimento que nos sobra hoy no se lo robe al sustento de mañana.

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