
EL LADO B DEL CONSUMO RESPONSABLE (PARTE 2)
Noticias Ambientales EL LADO B DEL CONSUMO RESPONSABLE (PARTE 2): La responsabilidad social de las empresas Por Héctor José Fasoli Doctor en Química, docente e
Doctor en Química, docente e investigador,
especializado en temas ambientales.
Premio Konex de Platino en Ciencia y Tecnología.
El consumo responsable se refiere al uso de productos y servicios que minimizan el impacto sobre el ambiente y permite preservar los recursos para las generaciones futuras, es decir, satisfaciendo las necesidades presentes sin comprometer a las venideras.
El consumo sustentable es, por lo tanto, eficiente y está relacionado no solo con el uso de un producto o un servicio, sino también con su producción, su transporte, disposición final y posibilidad de reciclaje. En cada una de estas etapas debe incluirse, naturalmente, el consumo de energía involucrado, asunto que generalmente pasa desapercibido por el consumidor promedio.
El consumo sustentable tiene un sentido puramente declamatorio si no se lo relaciona con el denominado consumo responsable.
El consumo responsable es un concepto más amplio que nos compromete a los consumidores como actores claves en la toma de decisiones vinculadas con la utilización de productos y servicios; el consumo responsable implica la toma de decisiones individuales que pueden influir en el comportamiento social.
Es decir que el consumo responsable incluye criterios éticos personales, sociales y ambientales. Tanto el consumo sustentable como el consumo responsable se preocupan primeramente por aspectos ambientales esencialmente técnicos (como, por ejemplo, reducir la denominada huella ecológica) y aspectos sociales como la mejora de la calidad de vida y la Equidad social. Sin embargo, el consumo responsable enfatiza también sobre los derechos laborales, el comercio justo y la conciencia social en relación directa con quienes proveen los bienes y servicios.
Es innegable que, en la actual situación del mundo, parecerían haber connotaciones políticas e ideológicas sobre estos aspectos. Mi respuesta a la superficialidad de los tiempos, basadas en la opinión de legos o ignorantes son las siguientes: primero, que toda actividad social humana es política y, segundo, que se trata mucho más que mera ideología: es filosofía de la vida actual, filosofía de nuestras circunstancias.
La huella ecológica es un indicador técnico que mide el impacto que tiene la actividad humana sobre el ambiente. Se define como la superficie ecológicamente productiva necesaria para obtener los recursos consumidos por una persona, comunidad, país o actividad, independientemente de dónde se encuentren estas áreas.
Este indicador se expresa en hectáreas globales por habitante y por año y permite cuantificar la cantidad de tierra y agua requeridas para sostener nuestro estilo de vida, incluyendo la producción de alimentos, energía, vivienda y otros consumos, así como el tratamiento y disposición de los residuos y la absorción de gases como el dióxido de carbono, importante sustancia responsable del efecto de invernadero que produce el aumento de la temperatura promedio del planeta.
El consumidor responsable reconoce los límites ecológicos de su entorno y acepta ajustar su vida a esos límites. Asimismo, se preocupa por la satisfacción de necesidades básicas de toda la población, evitando el consumismo y la tendencia a “usar y tirar”.
Un consumidor responsable utiliza productos y servicios que requieren menos materiales y energía y que generan menos residuos y contaminación. También se preocupa por que esos productos y servicios empleen formas renovables de energía y minimicen la producción de desechos.
Naturalmente hay una clave para convertirse en un consumidor responsable: internalizar estas actitudes, y para eso debe ponerse el foco en la educación del ciudadano.
Ejemplos y prácticas cotidianas
Adquirir algunos hábitos personales y practicarlos habitualmente solos, en familia o en nuestras actividades laborales y recreativas nos permitirá convertirnos en consumidores responsables:
[1] Algunos municipios del Gran Buenos Aires los utilizan en algunos paseos públicos, pero no hay en las estaciones de bicicletas, hasta donde sabemos.
En próximas notas trataremos sobre los beneficios generales, pero también sobre los desafíos y recomendaciones para tratar en la dirección correcta la problemática del consumo sustentable y responsable. Sobre todo, nos introduciremos en un tema más que espinoso: no hay consumo responsable sin producción responsable y la educación y legislación dirigidas para alcanzar estos propósitos.

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